Cultura

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En esta provincia, en la ciudad de Higüey, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora la Virgen de la Altagracia, Protectora del Pueblo Dominicano. En ella se aglutinan el 21 de enero de todos los años, millares de dominicanos para rendirle culto a la Virgen de la Altagracia.

A nivel nacional los católicos representan el 70% de la población y los evangélicos alrededor del 20%, mientras que en Higüey, centro nacional católico por estar en esta ciudad la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, los católicos representan aproximadamente el 60%, mientras que los evangélicos representan el 35% de los cristianos higüeyanos.

A pesar de la predominancia de la religión católica por ser centro de peregrinación, en esta ciudad también se encuentran diferentes organizaciones religiosas entre las que se encuentran:

  • Testigos de Jehová
  • Iglesia Adventista del Séptimo Día
  • Iglesia Evangélica
  • Movimiento de los Santos de los Últimos Días

Las Tres Cruces

En las tierras que fueron colonizadas por españoles, era costumbre la colocación de cruces a la entrada de los pueblos y en caminos. Para el mismo Cristóbal Colón, su primera tarea era plantar una cruz y tomar posesión de las tierras descubiertas en nombre de los reyes de España.

Es frecuente encontrar en cualquier camino tres cruces plantadas en el suelo y rodeadas por una gran cantidad de piedras que van depositando allí desde época inmemorial los caminantes y cuya acumulación llega a constituir a veces verdaderas montañas. En Higüey ha habido dos Calvarios famosos. Uno a unos cuatro kilómetros de la ciudad en la carretera hacia Santo Domingo, el de Ceja Esperanza donde dice una vieja tradición que un buey habló a su amo por que era el día del Corpus Christi y no estaban descansado. El otro es el calvario situado a la entrada de la ciudad en el mismo camino.

Su origen es el mismo de los demás calvarios de los pueblos de la América hispana, no pudiéndose dar testimonio sobre la fecha de su construcción. Allí están desde antes de que alcance la memoria de las personas más mayores. Son tres cruces de madera plantadas en el suelo y rodeadas de las piedras que allí colocaron los que por allí pasaban, conforme a la tradición existente. Estas piedras fueron posteriormente sustituidas por otras llamadas comúnmente “piedras de fogón” y que fueron dispuestas de forma más artística.

Hasta allí llegaban los peregrinos a pie, a caballo o en sus vehículos. Eso sí, desde allí hasta el Santuario el recorrido se hacía a pie y no faltaba quien a veces lo hiciera de rodillas por penitencia o por alguna promesa hecha a la Virgen por haber recibido un favor mediante su intercesión.

Este Calvario está a veces iluminado por cientos de velas durante las fiestas de la Santísima Cruz, en los días de los Fieles difuntos y en la noche del Miércoles Santo cuando se escenificaba allí el encuentro entre Jesús Nazareno cuya procesión recorría las calles de costumbre y la Virgen de los Dolores que aparecía por la calle General Santana. Allí, tras una ligera inclinación de ambas imágenes que siempre resultaba muy emotivo y predicar el emotivo sermón, es donde continuaban ambas procesiones en una sola por la calle Altagracia hasta el viejo Santuario. Las costumbres han cambiado bastante y hoy esto ya no se hace así.

Durante el ejercicio de monseñor Juan Félix Pepén S. como primer obispo de la Diócesis, un estudiante exaltado destruyó a pedradas la imagen del Crucificado que allí había. Después de esto y por orden del mismo monseñor este calvario fue remodelado nuevamente y así se conserva hasta el día de hoy.

Hay varias versiones sobre el origen de este calvario. Unos dicen que allí cayó el General Manuel María Suero y que se construyó allí por eso. Otros que se hizo para recordar a las generaciones futuras que allí fueron fusilados los Botello. Al margen de que no sean ciertos ambos hechos, el calvario ya existía allí desde mucho antes, de modo que la memoria de los más mayores no alcanza a fijar la fecha de su construcción y solo hay recuerdo de haberlo visto siempre allí.

Otra Cruz importante, hecha de mampostería, estuvo en el otro extremo de la ciudad, en el sitio donde se unían el camino que iba a Los Ríos y Anamuyita y el que iba al Macao y Nisibón. Esta cruz tenía la particularidad que detrás de ella había una cerca y los campesinos que venían a enterrar sus muertos, allí dejaban la madera con que habían construido las andas; la corona casi siempre hecha de cartón y forrada de tela rosada que acompañaba al cadáver de un niño o negra si era el de un adulto, y era sitio obligado de visita de las hermandades de la Santísima Cruz con sus atabales el día en que comenzaban las festividades de su patrona. El sitio donde estuvo plantada esta cruz lo ocupa hoy un taller de mecánica al lado de la actual oficina de Obras Públicas.

El Santuario San Dionisio de Higuey

La histórica villa de Salvaleón de Higüey, fundada hacia el año 1505 por Juan de Esquivel, conquistador de Jamaica, blasonada con escudo real por orden del Rey de España, fue el primer santuario de María en América.

El Santuario atesora valiosísimas prendas de valor histórico, que son objeto siempre de la curiosidad de los visitantes; entre otras se encuentran principalmente: el marco de oro y plata de la Virgen, con incrustaciones de piedras preciosas, destacándose en él la rica esmeralda rodeada de brillantes, que su Santidad Pío X regaló a nuestro bien recordado Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel en ocasión de su elección como Presidente de la República, y que ese ilustre prelado donó a la Virgen de la Altagracia como segura prenda de su amor y acendrada devoción; una gigantesca y artística custodia de oro de la era colonial; un elegante trono de planta con incrustaciones y campanillas de oro del año 1811 para sacar la procesión del Sagrado Cuadro de la Virgen; un vistoso guion de plata obsequio del Presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo en el año de 1737; Igualmente, de oro y plata una porta viático; un crucifijo, dos cálices y copones, seis varas del palio, cruz y ciriales parroquiales, candelabros y floreros, y otros objetos del culto de plata antigua.

Hoy la joya de mayor valor histórico, religioso, espiritual y material con que cuenta el santuario, es la hermosa corona de oro y piedras preciosas, rematada en una cruz de diamantes que sostienen dos ángeles de oro macizo, de siete filos de peso, que fue confeccionada con el oro y alhajas donados por el Pueblo Dominicano para su Canónica y Pontificia Coronación, celebrada sobre el Altar de la Patria el 15 de agosto de 1922.